TODOS SOMOS AUTODESTRUCTIVOS

En mi opinión, nos hemos acostumbrado de tal modo a ser “como somos” –en realidad, como creemos que somos-, a aceptar –y es inexplicable que se acepte así- que algunas cosas no tienen remedio y hay que admitirlas como vengan –aunque con una rabiosa pataleta más o menos evidente-, y a sufrir basándonos en el argumento de que el sufrimiento forma parte de la vida, que no hacemos nada, o casi nada, para evitar una parte del drama en nuestras vidas y lo que hacemos generalmente es soportarlo como podemos, esperar que se resuelva solo o que se disuelva el dolor recibido, protestar un poco -pero poco-… y nada más.

Si fuésemos más conscientes de que somos nosotros mismos quienes nos proporcionamos la mayoría de nuestros sufrimientos, de que somos en demasiadas ocasiones nuestros más impecables e implacables enemigos, y que las cosas se resuelven afrontándolas y no parapetándonos donde menos nos pueda afectar, dejaríamos de colaborar con lo ajeno en nuestra propia destrucción.

Una de las fuentes de sufrimiento proviene de etiquetar mal algunas de las cosas que nos suceden, y ponerles adjetivos y definiciones descalificativas que ya van cargadas de sufrimientos por la simple pronunciación y sólo por pensar en ello, y usamos inadecuadamente palabras y sentimientos como “mal”, “malo”, “doloroso”, “mierda”, “dificultoso”, “grave”, “triste”, “sufrido”… el repertorio es demasiado largo.

Las cosas son lo que son, sin adjetivos ni definiciones y cuando le añadimos algo a esa cosa la estamos agravando o la estamos aligerando de su efecto.

Cuando uno siente pena por sí mismo está empeorando su estado, lo está magnificando, lo está cargando de drama, lo está agravando. Está bien sentir comprensión hacia lo que pasa, porque eso no lleva aparejado obligatoriamente ningún sentimiento desagradable.

Cuando uno se culpabiliza por algo de lo que ha hecho con eso no contribuye a solucionarlo, sino que empeora el estado en que se encuentra. Con ese meter el dedo más en la llaga, no se cura. Uno empeora su relación consigo mismo, rebaja directamente su autoestima, y agranda la distancia con su centro y su bienestar. Y, repito: no soluciona nada.

Cuando uno permite que su pasado –sea el que sea- interfiera en el presente, agriándolo, desvalorizándolo, logrando que uno se pase más tiempo en la rabia o el arrepentimiento que en vivir el presente con la dedicación que merece, con el estado de ánimo equilibrado que requiere la vida, está atentando contra sí mismo y contra su vida.

Cuando uno no se pone a salvo de lo que le causa malestar, dolor, o preocupación innecesaria, y se regodea en dar vueltas a la misma situación como si fuese un castigo del que no puede escapar, y se martiriza con reproches cargados de ponzoña, y se menosprecia o desprecia por actos que pertenecen al pasado, está cometiendo el pecado inaceptable de agredir a una persona indefensa.

Cuando uno se permite inmovilizarse en la ansiedad, cuando no escapa de esos estados de zozobra en los que sufre sin querer soltar el motivo de su sufrimiento, espanta la serenidad, se estanca en la intranquilidad y se queda en una agitación mental agresiva y paralizante, está amenazando su estabilidad, está quebrantando su armonía, su derecho a la paz y la felicidad, su dignidad.

Cuando uno es sufridor innecesariamente, o se amarga la vida sin necesidad, se castiga, se desatiende, se priva intencionadamente de cosas agradables y de paz, o cuando se repudia directamente y crea una gran distancia entre él y él mismo, está perpetrando un delito de una gravedad imperdonable.

La falta de Amor Propio Incondicional, de desear incansablemente el bien y lo mejor, de un auto-cuidado exquisito, del convencimiento interno de que uno se merece su propio respeto y atención pase lo que pase, haga lo que haga, son claras muestras de autodestrucción.

Lo que se necesita para comportarse con uno mismo del modo adecuado es exactamente lo contrario: darse la prioridad y preponderancia que uno se merece en todos las circunstancias, aceptar que uno no es perfecto y se ha equivocado muchas veces y lo seguirá haciendo, des-dramatizar la vida y relativizar las cosas quitándole drama –que no importancia- a las cosas, cuidar con exquisitez a ese Ser Humano que cada uno es.

Amarse.

El Amor Propio.

Eso es lo adecuado, y no ser autodestructivo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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