TODAS LAS PERSONAS SON GRANDES MAESTROS

En mi opinión, no es imprescindible –ni tampoco es posible- encerrarse durante años en un Monasterio de Clausura, ni en un Lamasterio en lo más profundo del Tibet, ni haber tratado personalmente con Buda, para conocer a un Gran Maestro.

Es mucho más sencillo: cada persona que aparece en tu vida es un Maestro.

No lo dudes.

Sólo tienes que estar atento y receptivo, y lo comprobarás.

Recuerda cuánto aprendes, intelectual o emocionalmente, de una mirada cariñosa, de un niño que juega solo, de una puesta de sol, de alguien que te regaña con todo su cariño y buena voluntad, y también de quien ves que hace lo que no te parece bien.

Todos, y todo, son Maestros si uno está en el mundo en la actitud de Alumno.

Incluso de aquel que no te guste en su actitud o en su pensamiento, puedes llegar a aprender… lo que NO quieres ser.

Si uno quiere aprender y progresar en el camino del Autoconocimiento, en su Desarrollo Personal y Espiritual, cualquier cosa que vea o sienta o padezca –cualquiera- es un buen inicio para una reflexión, que ha de ser objetiva, acerca de cómo está uno en ese aspecto que se mira, de cuáles son sus sentimientos y pensamientos con respecto a ello, y si son naturales y propios o son una herencia impuesta y por eso los vemos con los ojos ajenos de quien nos lo hizo ver de ese modo.

Descubrirse y Actualizarse son dos tareas cotidianas, pero mágicas, en las que no ha de ver desatención ni descanso.

Descubrirse y Conocerse son una base perfecta sobre la que construir esa persona que sabemos o intuimos que somos pero que no termina de mostrarse como realmente es, que está sin terminar de pulir, sin utilizar todas sus maravillas, sin permitir que salga y se manifieste toda la majestad que acumula.

No sólo se aprende de las frases célebres enmarcadas, sino que también hay enseñanza en la sencillez, en la simpleza, en la contundencia de algunas reflexiones y verdades elementales.

La sabiduría no es patrimonio de unos pocos Iluminados elegidos por los Dioses, sino que está al alcance real de cualquier persona que ya haya vivido una buena parte de su vida y haya aprendido mucho sobre la relatividad de las cosas, sepa desdramatizar la vida, y haya alcanzado el máximo grado de conocimiento: la sencillez aplicada en la vida cotidiana en vez de la repetición intelectual y aséptica de unas frases ajenas que no se salen de la mente y por ello no llegan al corazón.

Los Maestros están de incógnito y aparecen en forma de anuncio de televisión que ofrece en una frase algo más que un artículo que nos quiere vender, o en una modesta ráfaga de viento que nos hace tomar consciencia del aire y de la cantidad de sensaciones a las que podemos acceder, o en el gesto de quien abandona su prisa y la deja a un lado para ayudar a una persona, o en los ojos amables que nos miran con amor sin pedirnos nada a cambio.

Es posible que no existan los Grandes Maestros –esos que hemos idealizado-, pero sí es seguro que existen los Grandes Alumnos.

¿Eres tú uno de ellos?

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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