TÚ DECIDES QUÉ ES GRANDE Y QUÉ ES PEQUEÑO

TÚ DECIDES QUÉ ES GRANDE Y QUÉ ES PEQUEÑO

En mi opinión, los adjetivos y los adverbios, o cualquier calificativo y cualquier comentario, están adjudicados a título personal, o sea que uno mismo puede corregirlos cuando descubre que están mal adjudicados.

Es uno mismo quien decide qué es bueno –qué le parece bueno- o qué es malo –qué le parece malo-, qué es realmente importante o a qué le confiere una importancia que no es real, qué le gusta y qué no le gusta.

Si es uno mismo, muy conscientemente, quien valora las cosas y no hay en ello un autoengaño o falta de la información adecuada, estará bien lo que decide, y podrá ser poco o mucho, o podrá estar bien o mal.

La atención reflexiva y la honestidad han de estar presentes cada vez que uno ejerce la responsabilidad de revisar su vida para verificar si está de acuerdo consigo mismo sobre cómo se está desarrollando. Que, por cierto, es una tarea que ha de ser constante e ineludible, porque de ese modo uno puede darse cuenta acerca de si hay condicionamientos a la hora de ver o valorar los acontecimientos que conforman su vida. Y uno puede aprovechar la ocasión de modificar el sentimiento que añadió a cualquier hecho de su pasado si ahora no le parece acertado. Ahora puede ver si aquel enfado fue innecesario, si sufrió excesiva e innecesariamente por algo que hoy le parece ridículo, o si explotó de mala manera ante un acontecimiento que ha demostrado no merecer ese arrebato.

Es uno mismo, muy conscientemente -y no sus impulsos, o su violencia explosiva y descontrolada, o su soberbia altanera, o una ira reprimida-, quien ha de gobernar su vida, poniendo los pensamientos y acontecimientos en el lugar correspondiente y valorándolos en su justa medida.

Tú decides qué es grande y qué es pequeño, qué no te ha de afectar ahora aunque te haya afectado antes, qué pensamientos pueden pasear tranquilamente por tu mente y cuáles vas a descartar para siempre; qué vas a hacer con tu sonrisa y cómo te vas a deshacer del mal humor y la rigidez.

No es correcto que tu modo de vivir esté condicionado por reacciones de las que no eres consciente, ni por normas con las que ya no estás de acuerdo, ni que permitas que sean los otros los que te digan qué está bien o qué está mal para ti, o que alguien pretenda imponerte su escala de valores y que le des preponderancia a la suya sobre la tuya.

Revisa tu modo de ver la vida y tus circunstancias –ya no eres el mismo de hace unos años y tus normas puede que hayan cambiado pero siguen sin actualizar-, comprueba qué es importante y a qué le das importancia –aunque no es importante-, valora según tu propio criterio actual –deshazte de todo lo que esté caducado-.

En tu vida mandas tú. Y eres tú quien ha de mandar. Tenlo claro. Y hazlo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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