SI NO CONFÍAS EN TUS FUERZAS

En mi opinión, todo proceso de Desarrollo Personal bien hecho requiere tal esfuerzo, atención, y dedicación, que no todos los días uno se encuentra con el ánimo de afrontarlo, y en muchas ocasiones el hecho de no ver unos resultados espectaculares instantáneos –que es lo habitual- provoca un desánimo tambaleante, por lo que algunos días uno se encuentra con ganas de tirar la toalla o, en el mejor de los casos, posponer el trabajo.

Y este Proceso, para que surta el efecto deseado, ha de ser continuo e imparable. Sólo se ha de parar cuando el tiempo se vaya a dedicar a la reflexión, o cuando uno siente que ha incorporado demasiada información –de cualquiera de las formas- y necesita un tiempo para que las cosas se terminen de digerir donde corresponda o para que encuentren el sitio que les corresponde.

Cuando uno no confía en sí mismo, es una buena decisión buscar alguien que sí confíe y le acompañe durante todo el proceso. Alguien que sepa comprender los altibajos y las dificultades que conlleva ese enfrentarse a uno mismo en sus desconciertos, o ante la situación actual cuando no es agradable, o ante un pasado que se arrastra cargado de reproches.

Si eres una de esas personas, la ayuda externa será imprescindible para ti porque te recargará los ánimos cuando flaqueen, te inyectará nueva energía cuando la tuya comience a decaer, o te despejará el horizonte cuando se te empiece a nublar o a teñir de un negro desesperanzado.

Si no eres una persona mentalmente fuerte, con fortaleza para afrontar los retos, te desanimarás enseguida, porque mientras más vas profundizando más cosas imperfectas van apareciendo -en realidad estaban, sólo que la reciente honestidad te permite reconocerlas-.

Si careces de la valentía –sí: valentía- que es conveniente, casi imprescindible, para mirarte a los ojos del corazón, para reconocerte sin tapujos, para aceptar todo lo que eres sin maquillarlo ni disfrazarlo, se agradece tener un apoyo externo. Alguien de total confianza, que sepa entenderlas y apoyarnos en las recaídas, que nos borre las desilusiones, que sepa enjugar nuestras lágrimas sin emitir un juicio ni una crítica.

A lo largo del proceso de Auto-conocimiento, y de Auto-reconocimiento, aparecerán pensamientos negativos y nocivos: “no voy a poder, lo mío no tiene remedio, no merece la pena que lo intente, nada va a cambiar, soy así y seguiré siendo así…”

Alguna voz incontrolada –y no siempre acertada- dentro de nosotros nos traerá la desconfianza, la falta de seguridad en nuestra propia valía, despertará todos los miedos que arrastramos, nos pondrá delante una montaña aparentemente infranqueable, y es entonces cuando se necesita una mano amiga, una voz reconfortante, unos brazos que nos acojan sin pedir explicaciones.

Se puede, y se debe, afrontar cualquier proceso de Auto-conocimiento. Es lo mejor que uno puede hacer por sí mismo, es la mejor inversión, es necesario… y es lo más agradecido.

Aunque no confíes en tu fuerza, no lo descartes. Hazlo de todos modos.

Más bien busca alguien que te espere siempre, o que te acompañe en los momentos que lo necesites.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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