SI LE PONES MUCHAS CONDICIONES AL ÉXITO, TE CONDENAS AL FRACASO

SI LE PONES MUCHAS CONDICIONES AL ÉXITO, TE CONDENAS AL FRACASO

En mi opinión, cuando uno hace un proyecto de lo que considera que será triunfar en la vida, ha de tener mucho cuidado, porque mientras más condiciones ponga para alcanzar esa sensación, exponencialmente tendrá más dificultades para lograrlo.

Si lo simplificásemos mucho, se podría decir que quien se siente exitoso por el hecho de estar vivo tiene más posibilidades de ser feliz que quien se pone extensas condiciones, tales como tener una cuenta corriente que reviente de tanto saldo, ser conocido en todo el mundo por sus triunfos, desposarse con la persona más maravillosa del mundo –Príncipe o Princesa preferiblemente-, o poseer media docena de yates, aviones, chalets y coches.

Opino que es más sensato, y más alcanzable, un tipo de triunfo pequeñito pero suficiente, amable y agradable, para que se pueda manejar y disfrutar sin gran esfuerzo y a todas horas.

Me refiero a un triunfo íntimo, de esos que no te abandonan, que se hacen sentir porque buscan y encuentran un hueco en el corazón, se instalan con la intención de quedarse para siempre, y te reconfortan cuando miras para dentro… porque te sonríen y eso te hace darte cuenta de que estás bien.

Lo erróneo es que algunas personas no reflexionan cuando se trata de individualizar lo que significa y simboliza el éxito, y tienden a compararlo con el modelo de éxito de otros y utilizan en la comparativa un modelo excesivo, alejado, más utópico que alcanzable, más ajeno que propio.

El éxito es estar vivo y ser honrado. O estar en paz con uno mismo. O ser feliz. Incluso ser moderadamente feliz.

O el éxito está –tal vez- en no perseguir el éxito como algo que determine la felicidad o no.

Tal vez uno se encuentra mejor con el éxito si no lo persigue con desesperación, como condición imprescindible.

Las metas y los objetivos, a veces alientan y empujan con ímpetu y perseverancia hasta lograrlos, pero otras veces se convierten en la frustración y el fracaso personal, por haber sido marcados muy a la ligera y por haberse propuesto los que son atractivos pero inalcanzables.

Por eso es imprescindible ser sensato y consecuente, ser objetivo y razonable, cuando uno hace los propósitos en su vida, que son esos alicientes que nos ponen en marcha para la mejora en cualquier terreno, y que son esos logros que cuando los miramos ya realizados nos aportan la sensación de haber triunfado, una sensación de dicha y una especie de gozo que conviene conocer de dónde procede.

No es lo mismo que esa sensación sea vivida en el alma, en el fondo sereno de paz del espíritu, que si es el ego el que sonríe con el logro, vanidoso y presuntuoso.

Pueden parecer el mismo tiempo de contento, la misma sensación de esplendor, pero no es así. Aquello que ha satisfecho al ego será efímero y superficial. Será un triunfo notable de cara a lo social, pero vacío de cara al ser interno.

Aquello que aporta una sonrisa interna, un deleite cuya máxima expresión de algarabía es un suspiro y una leve sonrisa en los labios (que es la expresión externa de una grande y explosiva sonrisa en el alma), pero se queda para siempre dentro y pasa a formar parte de uno, como algo ya inseparable: ese es el triunfo de verdad.

El que se siente dentro, y se celebra sin alharacas, es superior porque es auténtico. Es la aspiración de quienes valorar más SER que TENER. De quienes saben que valen por lo que son y no por lo que tienen. De los que conocen que el triunfo auténtico, el de la persona y no del personaje, no se manifiesta en la cuenta corriente sino en los momentos en que uno se mira dentro y escucha un silencio de aprobación.

Es una decisión personal, porque –afortunadamente- no hay una norma universal para el triunfo, y no es necesario darle explicaciones al mundo de lo que uno decide para sí mismo.

La propuesta que se deduce de lo anterior es una serie de preguntas: ¿Qué es el triunfo para mí?, ¿En qué aspecto o aspectos de mi vida deseo triunfar?, ¿Qué me va a aportar –sinceramente- alcanzarlo?, y a éstas, añade todas las que se te vayan ocurriendo hasta que dentro de ti tengas claro este asunto y no pierdas el tiempo sufriendo innecesariamente, ni persigas un triunfo que si lo alcanzas no lo vas a sentir como tal.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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