SALIR DEL CÍRCULO VICIOSO

En mi opinión, la falta de atención a la vida, el olvido de que controlar y decidir en la propia vida es una tarea personal que no se puede delegar en otro y ni siquiera en el destino, y la rendición incondicional ante algo de lo que parece no se puede salir, nos llevan a quedarnos estancados y sin salida en los círculos viciosos.

Otras veces son las costumbres arraigadas las que nos impiden escapar, o el convencimiento, sumiso y sin base razonable, de que “las cosas son así”. Incluso tenemos órdenes inconscientes que nos amarran al inmovilismo.

El caso es que no avanzamos. De vez en cuando nos escuchamos un buen propósito, pero que no pasa de ahí. El tiempo sigue consumiéndose y cuando miramos hacia atrás constatamos con desagrado y desesperación que no hemos avanzado, que seguimos en el mismo sitio donde estábamos hace un año… o hace media vida.

Si estás en un caso similar a algo de lo descrito, tal vez te interese hacer una parada en tu vida y considerar algunos aspectos como los que expreso a continuación.

Una de las primeras decisiones a tomar es la de no persistir en lo mismo una y otra vez. No puedes esperar resultados diferentes si sigues actuando del mismo modo. Si algo no está funcionando adecuadamente será conveniente que te deshagas de ello, y que inventes o pruebes otra forma distinta, desde otro punto de vista distinto, con otra actitud distinta… desde luego que ha de ser algo distinto.

Conviene en estos casos trazar una línea y dejar el pasado al otro lado. Si se desea construir algo nuevo es mejor que sea a partir de cero. Es mejor que pretender hacer costosas reparaciones en lo anterior. A veces es más interesante ser drástico, asolarlo todo, borrar cualquier huella… y empezar de nuevo. Que es lo mismo que decir “borrón y cuenta nueva”.

También es interesante antes de despedirse del pasado, y de los “errores” del pasado, comprobar que se ha aprendido todo lo que se tenía que aprender, para que nada de lo sufrido haya sido inútil, que esté interiorizado lo que se quiere para esta nueva etapa y, sobre todo, lo que NO se quiere.

Eso requiere algo que es muy curioso y resulta chocante hasta que se quiera ver con naturalidad: un pacto con uno mismo de no boicotearse la salida del círculo vicioso.

Parece que llevamos dentro un montón de personajes distintos, y que unos colaboran en nuestros buenos propósitos y otros son expertos y activos boicoteadores, pesimistas, dramáticos, expertos en zancadillearnos y tirarnos al suelo con nuestros buenos propósitos, y tenemos dentro también vagos, irresponsables, insensatos, gente nada fiable, enemigos, vengativos con ganas y motivos de venganza… en fin, una retahíla de inconvenientes que no colaboran cuando uno toma una decisión juiciosa y llega el momento de ponerse manos a la obra.

No es mala idea esa de llegar a un pacto consigo mismo y coordinar que todas las fuerzas lleven la misma intención y vayan en el mismo sentido.

Se trata de amigarse con uno mismo e iniciar un nuevo tipo de relación en el que prevalezcan las intenciones más amables, los propósitos más dignos, la buena voluntad, y sacar adelante proyectos cuyos privilegiados beneficiarios seremos nosotros mismos.

Revisar y revisarse. Conocer y conocerse.

Ver qué es lo que nos mantiene atados y nos impide evolucionar, comprobar qué buenas ideas se mueren sin que las aprovechemos, verificar la firmeza de nuestra voluntad y aprovecharla en toda su intensidad para conseguir las aspiraciones nobles y beneficiosas a las que no estamos aspirando por esa tozudez de no romper las cadenas que nos condenan a la quietud… mientras la vida se nos agota, nosotros nos agostamos, nuestros sueños se mueren de pena, y nuestros deseos no encuentran en nosotros el aliado imprescindible.

La recomendación para quien esté en un caso similar al descrito es que tenga una conversación seria consigo mismo, que aúne todas sus fuerzas dispersas y las ponga a trabajar en la misma dirección –la deseada-, que llegue a un pacto de colaboración con todos sus yoes, que confíe en sí mismo… y que rompa el círculo.

Tal vez esta sea la mejor y más rápida forma de salir de él.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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