¿SABES ESCUCHAR?

En mi opinión, y es una opinión muy compartida, la comunicación entre personas es la asignatura más complicada –y que más quebraderos de cabeza proporciona- de todas las que tenemos que afrontar a lo largo de la vida.

Realmente es complicado hacer en todos los momentos lo que es adecuado, actuar de modo impecable, pensar con claridad y ecuanimidad, usar siempre el tono correcto y la mesura que requiere cada ocasión, o ser firme cuando eso es lo que corresponde, mostrar el grado justo de enojo cuando se produce, tratar al otro con respeto en los momentos de alteración, callar cuando es conveniente callar y no callar aquello que sí hay que decir…

El error primordial en la comunicación está en no saber expresar lo que realmente le está pasando a uno, o en enmascarar los sentimientos reales, y por parte del oyente el error primordial está en no saber escuchar.

Ser un buen escuchador requiere unas características poco comunes, que quedan alejadas de las que usamos habitualmente cuando creemos que escuchamos a alguien.

Si te fijas en tu actitud cuando escuchas, o en la de otras personas, observarás que se interrumpe al que habla muy a menudo –con lo que no se le está permitiendo al otro decir TODO lo que quiere decir-, y observarás que existe la costumbre muy extendida de pre-suponer lo que el otro va a decir y por ello no se le escucha con toda la atención lo que está diciendo.

Cuando escuchamos -por lo general- estamos más atentos a lo que queremos responder o contar, y no a lo que el otro nos está diciendo, por eso le interrumpimos, que es como decirle “lo que tú cuentas no me interesa, no es importante, lo importante es lo que voy a decir yo”.

Cuando escuchamos, y antes de decir algo –salvo que expresamente nos los hayan pedido desde el principio-, primero tenemos que preguntar –con nuestras propias palabras- si sólo quiere que le escuchemos porque necesita desahogarse o reordenar sus ideas, o si quiere que le demos nuestra opinión.

Si nos lo autoriza y le damos nuestra opinión, ésta ha de ser totalmente neutral, ecuánime, y sincera. No se trata de darle la razón, ni de decirle lo que está esperando escuchar si no coincide con lo que realmente pensamos. No le hacemos ningún favor. Si le mentimos o no somos del todo sinceros –aunque sea con buena voluntad- con ello le aportamos un consuelo que en ocasiones puede ser un alivio temporal, pero que en realidad no le ayuda porque redundamos en su mentira. En más de una ocasión he escuchado decirle a una persona seriamente enferma: “Tranquila, que tú no te vas a morir nunca”. Sin comentarios.

Ser sinceros quiere decir, obviamente, decir lo que se siente o se piensa, pero hay que tener en cuenta a la otra persona, su estado y sus circunstancias, porque lo que haya que decir se puede hacer de muchos modos. En ocasiones conviene ser claro y directo, y otras veces es mejor hacer solamente un avance para ir preparando el terreno o contarlo poco a poco. En cualquier caso, siempre hay que ser muy cuidadoso.

También es conveniente confirmar si estamos entendiendo bien lo que nos cuentan, y no basar nuestra opinión en lo que creemos que hemos escuchado en vez de en lo que nos ha dicho. Una forma de verificar que hemos comprendido bien, y al mismo tiempo demostrarle al otro que le estamos prestando atención es repetir lo que nos ha dicho. “Si te he entendido bien, has dicho que…” y entonces se le repite lo que ha dicho. Así queda confirmado y podemos empezar a reflexionar con la base clara.

Hay un dicho que deja claro lo complicado de comunicarse bien: “Entre lo que pensamos, lo que queremos decir, lo que creemos decir, lo que decimos, lo que queremos oír, lo que oímos, lo que creemos entender y lo que entendemos, existen ocho posibilidades de no entenderse”.

Escuchar con toda la atención y sin prejuicios es primordial. Ser honesto es imprescindible. Ser cuidadoso es bueno. Respetar al otro es necesario.

Escuchar es un arte y ser un buen escuchador es un gran favor para el otro y para uno mismo.

Detente en este asunto. Es mucho más importante de lo que aparenta.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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