NO TE TOMES TU VIDA COMO ALGO PERSONAL

En mi opinión, la relación que cada uno tiene consigo mismo es uno de esos asuntos que siempre se pueden mejorar.

No sabemos hacerlo del todo bien. Y no sabemos porque nadie se ha ocupado de enseñarnos cómo relacionarnos con nosotros mismos, que es algo en lo que llevamos toda la vida y lo seguiremos haciendo hasta el último día.

Tantos años cada uno consigo mismo, y aún seguimos siendo –en muchos aspectos- unos grandes desconocidos.

Hay tantas facetas propias que no se nos ha ocurrido mirar con atención… y tantas otras que preferimos no remover y quedarnos con la duda porque las imaginamos peor de lo que posiblemente sean… y hay tantas preguntas sin respuestas… y tantos miedos que hemos acogido y no soltamos… y tantos y tan innecesarios apegos inútiles…

Hay mucho por descubrir de este que somos, y hay mucho por mejorar en el trato y en el cuidado, y tenemos mucho desconocimiento propio y no le sacamos de sus dudas.

Así que, de lo expuesto, resulta que no sabemos relacionarnos bien con nosotros mismos. Ni con la vida.

A veces somos unos irresponsables con la vida –y con nosotros- y no prestamos la atención requerida imprescindible –convirtiéndonos en grandes insensatos-, y otras veces nos tomamos la vida como algo excesivamente serio, grave y gravoso, dramático, fuente de sufrimientos, y la encaramos mal desde lo temeroso.

Hay una frase cuya comprensión exacta, haciéndolo con el corazón y el sentir en vez de con el intelecto, nos permitiría tomarnos la vida –y a nosotros mismos- de un modo menos dramático, más cómodo, más feliz.

“No te tomes tu vida como algo personal”. Sí, ya sé que aparenta ser un contrasentido o una imposibilidad. ¿Qué hay que sea más personal que la propia vida?

Nuestra vida, a veces, nos da miedo. En el fondo casi todos estamos un poco temblorosos ante lo próximo que nos pueda venir, porque estamos preparados para resolver ciertos asuntos, pero hay muchos otros que no sabemos cómo afrontar, y casi siempre que en una decisión nos jugamos una parte de nuestro futuro, el bienestar, los sentimientos, la economía, o cualquier otra cosa que puede afectar directamente a nuestra estabilidad personal o emocional… entonces es cuando nos surgen las dudas desde todos los sitios. Y el miedo.

Si aprendemos a des-identificarnos, a ser capaces de vernos como algo ajeno, eso nos reducirá el nivel de estrés; las mismas cosas que nos hacen inquietarnos cuando nos afectan directamente, si somos capaces de des-identificarnos de nosotros mismos dejarán de someternos a esa presión que sentimos, y el hecho de lograr esto nos va a aportar una objetividad de la que carecemos cuando nos ensimismamos en nuestros problemas.

La tensión o la inquietud o la preocupación o las dudas nos llevan al extremo desde el cual las cosas no se ven con ecuanimidad; nos llevan al lado donde están los nervios y donde las inseguridades se acrecientan por momentos, los microbios parecen monstruos, y la vida es un enemigo que la ha tomado con nosotros personalmente.

En ese extremo carecemos de imparcialidad.

No tomarse la vida como algo personal –que no quiere decir tomársela insensatamente- produce distensión, una cierta tranquilidad, y ese relajo ayuda a ver con serenidad y moderación lo que pasa a nuestro alrededor, lo que nos inquieta, lo que necesita una solución… y cuál es esa solución.

Es conveniente convertirse de continuo en ese Yo Observador que se da cuenta de las cosas sin juzgarlas y sin verse afectado por los descubrimientos; es interesante transformarse en ese notario inafectado que toma nota de los hechos y los testifica sin verse por ello involucrado en los hechos.

De ese modo uno podrá tener mejor “control” sobre sí mismo, conocerse realmente sin prejuicios, comprobar y comprender las cosas tal como son, y descargarse de la pesada tarea en que se convierte a veces esto de vivir cuando uno se toma la vida como un drama y no como una celebración.

Recuerda: hay que des-dramatizar la vida.

“No te tomes tu vida como algo personal”. Es una buena idea que lleves esta frase a tu corazón y la dejes expandirse allí.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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