NO ME QUIERO

En mi opinión, este inquietante mal que es la falta de Amor Propio se está extendiendo cada vez más. Demasiado.

No sé si es que nos hemos vuelto excesivamente exigentes, llegando a la intolerancia más radical ante cualquier cosa que hagamos y no resulte de nuestro total agrado, o si es que somos nuestro propio enemigo latente y estamos siempre atentos a encontrarnos un fallo por el que poder crucificarnos.

El caso es que la relación con uno mismo, que va a durar toda una vida, a veces pende de detalles insignificantes que no deberían alterar bajo ninguna circunstancia nuestra conexión con nosotros mismos.

Tú eres lo único que tienes. Tú sólo te tienes a ti. No te engañes: el resto se pertenecen a sí mismos.

Aunque sólo sea por puro egoísmo, te interesa llevarte bien contigo. Sé consecuente con esto. Te queda mucho tiempo de seguir a tu lado, hasta que mueras, y te vas a encontrar contigo mismo cada vez que mires un espejo o cada vez que vayas a algún sitio.

Y esto va a ser así por siempre, entonces… es mucho más agradable y satisfactorio y rentable llevarte bien contigo. Por lo menos, llevarte bien, de momento, para poder empezar a consolidar una relación que acabe en amor. En Amor Propio.

Si crees que no te quieres… estás equivocado.

Es posible que a quien no quieres sea al personaje que estás siendo en este momento, al que está actuando como a ti no te gusta, al que hace cosas que no son de tu agrado… pero que no eres tú aunque así lo creas.

Si descubrieses el que realmente eres, el de verdad, sí te querrías.

No quieres al que estás siendo ahora, pero… ¿realmente eres tú?, ¿realmente eres así, tal como te estás comportando?

Hay una diferencia notable entre el que realmente eres –tu esencia, el original antes de ser afectado por las circunstancias, el ser sin contaminar- y el que estás siendo, que es el personaje que has creado para sobrevivir y lo has puesto por encima y anulando al que de verdad eres.

Si miras hacia atrás… ¿te recuerdas siendo puro?, ¿te recuerdas distinto? y si es así… ¿eras más amable, más confiado, más bueno, más sincero?

¿Hay algún momento de tu vida en que te has sentido más tú mismo que ahora?, ¿Algún momento en el que pudieras decir -sin mentir- que te querías?

Y ahora… si no te quieres… ¿por qué no te quieres?, ¿estás seguro de que tienes razones para no quererte?, ¿estás siendo objetivo en esa apreciación o eres excesivamente riguroso y exigente?

Hay multitud de razones que llevan a un alejamiento de sí mismo y a un convencimiento –equivocado- de no ser digno de amarse: las circunstancias desagradables que se viven, o el hecho de que las cosas se conviertan en insatisfacciones una tras otra, o no tener tranquilidad emocional o personal, o tener una autoestima muy baja o nula, o sentirse menospreciado por otros…

No me quiero… ¡qué dramática sentencia!, ¡cuánto dolor previo hay antes de llegar a esta conclusión!, ¡qué dura una vida así, todo el día siendo una persona que no recibe satisfacciones por su parte!

Y sobre todo en los casos más extremos, en esos que casi se llega al odio, a la incomodidad manifestada por tener que soportarse a todas horas, por tener que aguantar a una persona que no aporta nada que sea satisfactorio, tener que llevar puesta todo el día la cara huraña, el gesto hosco, los reproches…

Y sí, lo sé, hay casos tan extremos, pero si rebajamos un poco el nivel de extremidad, también encontramos en demasiadas ocasiones muchos “No me quiero” aunque sean parciales. Me refiero a esas situaciones en que no se dicen las palabras, pero con el gesto o con los hechos queda claro el sentimiento. Me refiero a cuando uno no se acepta en algún hecho, en alguna actitud, cuando uno se reprende severamente por alguna insignificancia magnificada, cuando uno se empeña en una rectitud innecesaria o una rigurosidad excesiva. Me refiero a la falta de tacto, de consideración, de comprensión, de empatía consigo mismo. Me refiero a la falta de amor en lo cotidiano, a no cuidarse o darse mimos, atenciones, confianza, caricias sutiles, sonrisas…

No es necesario llegar hasta decir “No me quiero”, pero también ocasiona un efecto enérgico y negativo la falta de “Me quiero”. La falta de Amor Propio, y de su demostración notable, también es dañina, perjudicial, creadora de frialdad y distancias.

Siempre es interesante y productivo atender a la relación que cada uno tiene consigo mismo, y es importante observarse en el auto-cuidado que se aplica en esa relación, y verificar si hay apertura a la aceptación plena, si hay flecos que conviene resolver, si hay suficientes muestras de cariño, si hay dedicación y esmero, si hay protección y caricias, si hay mimos y aprecio, si hay aplausos y abrazos…

Es importante el cuidado en la relación con los demás, pero es importante e imprescindible en la relación con uno mismo.

¿Puedes decir ahora mismo en voz alta “Me quiero”?

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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