NO AMES SÓLO A UNA PERSONA

“Mientras más amor entregas, más tienes.
Mientras más amor entregas, más recibes.
Es mágico”.

En mi opinión, comenten un error quienes aman a una sola persona, quienes concentran todo su amor en un único receptor.

Esto también es aplicable a las personas que están en pareja. Y no es una invitación al adulterio ni a la promiscuidad, me refiero a que volcar todo el amor en una sola persona hace que esa relación pueda convertirse en vulnerable y dependiente.

Hace tiempo que escribí: “el amor es algo que no nos pertenece, es un regalo divino que traemos implantado en nuestro Ser, del cual Dios –o quien nos haya creado- nos hace administradores, haciéndonos ver, eso sí, que es inagotable –se puede terminar el amor hacia una persona concreta, pero no la capacidad de ser amor- y que podemos utilizarlo sin racionarlo. Nos nombran distribuidores de amor, repartidores inagotables, proveedores generosos. Nos dicen “es infinito y además funciona en una proporcionalidad directa: mientras más das, más crece y se multiplica, y mientras más das, más recibes.”

Es más conveniente ser generoso y extendido en el amor que se entrega: hay que amar más a la gente con la que se convive o a quienes se conoce y estima. Hay que amar la vida.

Es conveniente promocionar la relación con las personas que nos aporten o puedan aportar amor, para que la complacencia de esta necesidad que es vital para cualquier persona no venga exclusivamente de una fuente, ya que pudiera llegar a agotarse y nos dejaría en una orfandad de amor que nos afectaría grande y gravemente.

Es conveniente multiplicar el Amor Propio, que es el amor primordial y el que más satisfacciones y más íntimas y profundas nos aporta y nos ha de aportar. Está bien que otros nos amen, pero si uno no se ama a sí mismo no se sentirá completitud.

Amarse a sí mismo es obligatorio. Tal vez el sentido de la vida sea llegar a amarse incondicionalmente, a pesar de las contradicciones, de los desaciertos, de las decepciones, y de no alcanzar todo aquello que uno se proponga.

Uno ha de comprenderse tal como es, y aceptarse plenamente, con “defectos” y “errores”, esto es imprescindible (lo que no evita que el siguiente paso a dar sea el de modificar todo aquello que pueda ser mejorado). Mientras existan conflictos internos en este sentido es difícil que el amor fructifique.

Uno puede llegar a creer que el amor que recibe de otros le calma y consuela su ansia, pero con eso no es suficiente. La aspiración de los Seres Humanos, reconocida o secreta, es alcanzar la plenitud y la paz que sólo puede aporta el Amor Propio, que no es orgullo –como en muchas ocasiones se ha malentendido- sino Amor al Sí Mismo.

El amor es consustancial en el Ser Humano, y brota espontáneamente porque forma parte de la naturaleza primordial, pero es algo que conscientemente se ha ido reduciendo y controlando, y se ha convertido en algo casi excepcional debido a los malentendidos que se dan cuando se confunde amor con sexo –entre sexos opuestos-, por la educación en la que no se ha promovido como algo natural sin dobleces, o por la falta de costumbre al haberlo relegado a esas cosas que se han de controlar en vez de dejarlas libres.

Uno ha de amarse y uno de los frutos de ese amor será el amor a los otros. Los otros, en plural.

Si uno ama, generalmente ese amor ofrecido desinteresadamente se contagia y el otro nos devuelve el suyo del mismo modo. Si uno ama, recibe amor en justa correspondencia.

Amar, ofrecer amor, crea un caldo de cultivo en el que el amor se convierte en el centro de cada relación, en el nexo que unifica a las personas, en la forma de expresarse y comunicarse.

De todo lo escrito se puede desprender la conclusión de que es mejor amar, mucho, todo lo que se pueda, a todos los que se pueda, con la alegría y bienestar que el amor aporta, incluso como una buena inversión aunque se haga desinteresadamente, como un modo de vida satisfactorio y placentero, como un modo de aportar magia y maravilla a nuestra vida… y a la de los otros.

Ahora, te toca decidir: o bien olvidas lo leído… o bien te quedas quieto, escuchas si algo se ha quedado resonando en ti, atiendes la opinión de tu corazón, y decides si es el momento de hacer un cambio o modificación en ti con respecto al amor.

Hay que amar más. Hay que amar sin miedo al amor.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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