NI TÚ NI YO SABEMOS ENCAMINAR BIEN NUESTRA VIDA

NI TÚ NI YO SABEMOS ENCAMINAR BIEN NUESTRA VIDA

En mi opinión, ni tú ni yo sabemos encaminar BIEN nuestra vida. Y bien que nos gustaría, porque, en teoría –sólo en teoría-, vivir es lo que hemos hecho hasta ahora, lo que hacemos en cada momento, y lo que tenemos previsto hacer mientras podamos.

Pero no es así.

Analizadas racionalmente, y comparándolas con lo que podría llegar a ser cada una de las vidas, nos quedamos muy lejos o muy por debajo de las posibilidades.

Todos tenemos “destellos de iluminación”, en los que tomamos consciencia de que, efectivamente, la vida sigue transcurriendo aun a pesar de nuestra desatención, y que la vamos llenando con vacíos y olvidos más que con momentos continuos de plenitud.

Hay diferentes razones para no vivir una vida en plenitud. Estas son algunas de ellas:

DESATENCIÓN

Esta es bastante habitual. Eso de que cada día al despertar nos encontremos con otro día nuevo, y que hagamos con naturalidad planes para dentro de unos cuantos años con la seguridad de que llegará esa fecha, nos provoca una tenue sensación de inmortalidad y una irreal certeza de que tenemos demasiada vida por delante. “No importa perder un día cuando tengo tantos”, pensamos equivocadamente. Y esto es de una negligencia que debiera ser punible. La realidad de esta vida es ser IRREPETIBLE e IRRECUPERABLE. No tiene marcha atrás ni pause.

DEMASIADAS SITUACIONES DESAGRADABLES

Nos hemos acostumbrado a una vida en la que queremos que prime el confort, la ley del mínimo esfuerzo, vivir tranquilos, no tener que enfrentarnos a nada que resulte incómodo ni a cosas que nos hagan pensar mucho o tener que tomar decisiones difíciles de mucha responsabilidad. Así que cualquier cosita la elevamos a la categoría de dañosa y perjudicial. Y es que, la verdad, no tiene ninguna gracia estar en una situación desagradable cuando es más cómodo no estarlo. Pero en la vida se nos presentan situaciones que, en muchas ocasiones, son el resultado de lo que no hemos hecho antes, por aplazarlas, y que en alguna ocasión hay que enfrentar y resolver. Las situaciones “desagradables” se pueden evitar en muchas ocasiones si se resuelven la primera vez que se presentan. Es cierto que también hay otros asuntos que realmente son graves, pero forman parte de la vida y no los podemos evitar.

SOMOS INEXPERTOS

En esto de vivir no tenemos una preparación impecable que nos ayude a ir resolviendo del modo óptimo todo aquello que se nos presenta. Ante un “problema” serio, y si no sabemos cómo resolverlo, en algunas ocasiones acudimos a consultarlo con amigos que, con su mejor voluntad pero con nuestra misma inexperiencia, nos asesoran mal, o nos dan tantas opiniones distintas como personas consultemos, lo que agrava nuestro estado de confusión porque, o bien queremos contentar a uno de ellos y hacemos lo que nos haya recomendado, o bien pasamos de tener dos opciones sobre las que decidir a tener un abanico demasiado amplio que nos crea aún más confusión.

SOMOS UN POCO PESIMISTAS

Creo que por naturaleza todos somos un poco pesimistas, un poco dramáticos, un poco quejicosos, un mucho inseguros, comodones…
Somos un cúmulo de insatisfacciones.

Es bastante habitual tener un concepto propio poco generoso, y en muchas ocasiones confiamos poco en que seamos capaces de llevar nuestra vida de un modo correcto. Creemos tener una idea de que somos capaces de lidiar con las cosas cotidianas y con aquellas en las que tenemos una relativa experiencia, pero cuando se trata de enfrentarse a una situación nueva nos empezamos a confundir. La idea secreta que nos ronda es que somos aún más inseguros de lo que aparentamos y algunos llegan a pensar que son un fraude como personas y que en cualquier momento lo van a descubrir los otros.

POCA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

No todos nuestros deseos pueden cumplirse. No siempre suceden las cosas como a cada uno le gustaría. Las cosas pueden salir “bien” pero también pueden salir “mal”. Los dioses no están a nuestro servicio para resolver los asuntos a nuestro gusto. Hay que aceptar de antemano, y sin que ello resulte traumático, que nos vamos a equivocar en muchas ocasiones, y vamos a meter la pata más de una vez, que tendremos que renunciar a casi todas las utopías y que la realidad no la construimos solo con desearla. Y, a pesar de ello, nosotros tenemos que salir indemnes en cada una de las ocasiones. Si acaso, con un poco más de conocimientos y una experiencia nueva que nos aporte sabiduría para la próxima ocasión.

SOMOS DEMASIADO AUTO-EXIGENTES

Y nos pedimos cuentas y resultados como si fuésemos sabios o fuésemos expertos. Nos requerimos capacidades que están por encima de nuestras posibilidades y conocimientos. Hacemos del acierto y la perfección unas exigencias desmedidas.

Y estas son sólo algunas de las cosas que nos impiden vivir una vida en plenitud y con tranquilidad, sin la dureza que nosotros mismos le añadimos, despojándola de esa rigurosidad en la auto-exigencia que lo único que hace es añadir una tensión que nos acerca más a la intranquilidad que al disfrute.

Hay más motivos, por supuesto, pero son personales.

Por ello es necesario que cada uno descubra los suyos propios, y que se ponga a la noble y humana tarea de resolverlos, para convertir su vida en un apacible disfrute en vez de una contienda en la que siempre uno resulta herido.

O sea, que te pongas ya a descubrirlos para poder desmantelarlos.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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