LA VIDA SÍ ES REAL

En mi opinión, derrochamos demasiado tiempo en la inconsciencia, sin darnos cuenta, irresponsablemente, descuidados, y esto es un despilfarro irreparable por el que pagamos un precio excesivo: permitir que se nos vaya desatendida y sin ser plenamente vivida nuestra limitada e irrecuperable vida.

Si uno fuese muy consciente y se diese cuenta de la dolorosa realidad de lo escrito en el párrafo anterior, debería estremecerse al verificarlo, al darse cuenta de un modo responsable e innegable de que eso sucede así cuando uno no está muy pendiente de ello.

Las fantasías no son reales. Las imaginaciones no son reales. Los sueños no son reales. Los pensamientos no son reales. El futuro no es real. La vida sí es real. El presente sí es real.

Nos pasamos demasiado tiempo desatentos a esta hermosa tarea que es vivir, y acabamos convirtiendo nuestra vida en un pasar descuidado de la auténtica ocupación que nos impone estar vivos, que es VIVIR y llenar la vida de VIDA.

En ocasiones parece que no estamos en nuestra vida nada más que para lo desagradable, que necesitamos un sufrimiento o una desgracia para que entonces sí nos demos cuenta de “YO” y lo que eso significa, de quién somos, de que estamos viviendo, mientras que en los momentos plácidos, cuando no pasa nada inquietante, sólo somos espectadores inconscientes y nos quedamos simplemente en fantasmas inadvertidos. Actuamos de un modo que parece que no estamos en nuestra piel, miramos sin ver, la rutina nos domina y nos anula, la costumbre quita el brillo a la maravilla que es VIVIR.

La vida es real.

Requiere que te centres en ella, o sea: en ti.

Para eso es muy conveniente repetirse a menudo “Soy yo y estoy aquí”. Con eso, y una parada de unos segundos o unos minutos, uno vuelve a su Ser, a la VIDA, a verla con relieve, con latidos, con cuerpo y colores.

Es lamentable que sean hechos dolorosos o luctuosos los que nos hagan tomar conciencia –siempre leve y fugaz- de que nos vamos haciendo mayores, de que hemos consumido una parte importante de nuestra limitada, irrepetible, e irrecuperable vida; de que nosotros también vamos a morir y que hemos de exprimir al máximo lo que somos y tenemos ahora.

Pero en seguida llegan los compromisos, la rutina, lo urgente, las distracciones… y nos evaden en su sueño hipnótico, y nos roban la atención a este “Soy yo y estoy aquí”, que es la verdad más comprobable.

Tiene que llegar el 31 de diciembre para que en el brindis nos propongamos un compromiso de mayor atención a vivir. O que celebremos un nuevo cumpleaños para darnos cuenta de la realidad de esa suma de años que es, en realidad, una resta de años.

Y es una lástima que esos loables propósitos sólo duren unos segundos. Habrá que esperar al próximo entierro, el próximo cumpleaños, la próxima Nochevieja, para repetir esa intención efímera que, probablemente, tampoco fructificará.

¿O te lo vas a tomar en serio y vas a hacer ahora mismo un Plan de Vida inamovible e indestructible?

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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