¿LA MENTE PUEDE REVISAR A LA MENTE?

En mi opinión, y esto es algo que conviene recordar siempre, una de las complejidades que se presentan durante el Proceso de Autococimiento es que cuando queremos conocer nuestra mente, su funcionamiento y sus conflictos, lo tenemos que hacer precisamente a través de la mente.

Esto se convierte en una paradoja, o sea en algo que aparentemente es contrario a la lógica, por el hecho de que con la mente pretendemos controlar o investigar la mente.

De esto modo, la mente es al mismo tiempo el objeto –lo que se trata de observar- y el sujeto –quien observa-. Aparentemente es una incongruencia.

La mente, lo sabemos, tiene su propia autonomía y piensa al margen de nuestra atención y dirección conscientes; incluso cuando pretendemos prohibirle expresamente que piense lo sigue haciendo -salvo en meditaciones o en relajaciones profundas-.

La mente, está dividida –para poder explicarlo y comprenderlo mejor- en dos bloques, el consciente y el inconsciente, con un nexo que de alguna forma los “contacta”, que es lo que se puede denominar preconsciente.

Cuando se quiere revisar la propia mente, no es del todo acertado decir que la mente revisa a la mente, y es más apropiado decir que el consciente revisa el inconsciente.

En nuestra parte consciente nosotros hacemos acto de presencia, y dirigimos el proceso, somos observadores reflexivos y lúcidos del proceso, intervenimos, recurrimos a conocimientos y a experiencias anteriores porque tenemos una información que podemos utilizar en ese acto.

A nuestra parte inconsciente no accedemos nada más que cuando expresamente decidimos intervenir y prestarle atención, porque es algo que funciona por su cuenta, autónomamente.

La mente inconsciente parece que no se puede observar a sí misma, que le falta la dirección y concreción que aporta la mente consciente, que es quien impone orden y criterio y quien tiene la objetividad de ver y darse cuenta.

Observarse a sí mismo, y revisarse para conocerse y comprenderse, requiere poner toda la atención en el acto de pensar, y después reflexionar --que es más intenso y profundo que solamente pensar-. Yo entiendo que pensar llega hasta el momento de darse cuenta, y reflexionar es ordenar los pensamientos y tomar decisiones acerca de qué hacer con la información que nos ha aportado ese darse cuenta. De este modo que he explicado me parece que es más comprensible, porque “pensar” es una cosa distinta para cada persona.

Por tanto, en esos procesos de introspección y autoconocimiento, en los que uno quiere descubrirse en su parte inconsciente –que es donde se toman muchas decisiones sin que uno intervenga y por lo tanto puede ser que no se esté de acuerdo con ellas porque no son realmente propias-, ha de hacerlo con absoluta dedicación y concentración, gobernando en todo momento el proceso, desde una actitud en la que impera el convencimiento de “Soy yo y estoy dirigiendo mi mente”, y así uno se puede abstraer del mundo y meterse sin miedo hasta el último rincón, donde se esconde lo negado y lo que se ha pretendido olvidar, donde está lo inconfesable y lo vergonzoso.

Y se trata de pensar sin prejuicios y sin intención de buscar culpabilidad, pretendiendo sólo descubrir, ser el investigador y no el juez.

Ya se verá después, al reflexionar, qué hacer con los descubrimientos.

Que quede claro: en mi forma de verlo y entenderlo es el consciente quien revisa el inconsciente. Y esto es tan subjetivo que cualquier persona que lo vea de otro modo distinto puede tener razón

Personalmente, desconfío de los pensamientos que aparecen en mi mente “por las buenas”, sin que yo haya intervenido consciente y reflexivamente en ellos, porque entiendo que pueden ser reales y buenos o pueden ser desvaríos y disparates de mi propia mente condicionada y con prejuicios. Cuando me aparecen les atiendo, pero luego, estando y siendo consciente, reflexiono sobre ellos y entonces decido si me los apropio o los dejo ir.

Otras personas dicen que acceden hasta el inconsciente desde la meditación, pero de eso no puedo opinar.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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