HAZ LAS PACES CON TU PASADO

En mi opinión, se martirizan innecesariamente, provocándose un dolor adverso, aquellas personas que se estancan en el abatimiento por algún asunto de su pasado y por ello no siguen adelante, y las que se culpabilizan incesantemente por alguno de sus actos antiguos, que no se permiten salir de la queja apenada por lo que hicieron, que se agarran desesperadamente a su desmoronamiento, que se niegan la luz, la paz, la comprensión, o el perdón.

Ese estancamiento en un hecho concreto de su vida –en un desacierto entre los miles de aciertos- anula cualquier posibilidad de rehabilitación, cualquier tipo de reparación, o la recuperación de aquel que uno era antes de que sucediera aquello que sucedió para que se formara el distanciamiento entre él y él mismo.

Algunas personas se aferran obstinadamente a un hecho o momento concreto de su pasado y bajo ningún concepto le dejan quedarse mansamente en el lugar del pasado que le corresponde.

Se regodean en aquello que hicieron mal como un auto-castigo -del todo inútil en el plano positivo y dramáticamente eficiente en el plano negativo-, y no terminan de aceptar que aquello, sea lo que sea, por grave que sea, ya es irreparable y no se puede volver atrás a modificar esa parte de la historia.

El pasado ya no está.

Y la comprensión profunda de este hecho debería ser suficiente para cortar de raíz cualquier aflicción que sintamos debido a él.

Ya no estamos en el pasado.

Estamos en este presente que no necesita nutrirse de las cosas desagradables que ya no están.

Este presente necesita estar vacío y descondicionado para poder llenarse de lo que hoy nos trae.

Porque si lo que nos trae este presente encuentra en nosotros un cenagal, una reunión de plañideras llorando sin lágrimas pero instaladas en el luto, una cerrazón absoluta a ser llenados por lo nuevo, permaneceremos innecesariamente en un estado que estamos manteniendo artificialmente, petrificándolo en una tragedia en vez de dejarlo en el lugar que le corresponde: el de las experiencias que nos aportaron –a pesar de todo- algo positivo.

Tú no eres aquel o aquella del pasado.

Aunque tengas el mismo nombre y los mismos apellidos.

Aquella persona era otra.

Hizo lo que hizo debido a su inexperiencia, o porque se vio obligado y no tenía otra alternativa, o porque no sabía hacerlo mejor o de otra forma, o porque creyó que era lo adecuado… y hoy, con los resultados de aquello a la vista, desde la perspectiva que da la experiencia adquirida, NI SIQUIERA UNO MISMO TIENE DERECHO A JUZGARSE, y aún menos a castigarse con una condena eterna.

No seas injusto contigo… y no seas idiota.

Haz las paces contigo.

Acoge a esa persona que mantienes relegada, desterrada, expulsada de tu corazón, sin permitirle una vida contigo, a tu lado, hermanados, y deja de creer en una indisolubilidad que no existe entre tú -con tus aciertos- y tú –con tus errores-.

Haz las paces con tu pasado.

Céntrate en el presente.

Perdónate desde la comprensión.

Olvida los errores del pasado.

Lo que de verdad tienes es este presente de este momento, y requiere toda tu atención.

Vívelo.

No sé cómo de grave será lo que haya en tu pasado -en el caso de que no estás en paz con él-, pero lo que sí está siendo grave es que no tengas una buena relación contigo en el presente.

Atrévete. Borrón y cuenta nueva. Pon la salida en el cero.

Volver a empezar… sin el lastre de lo pasado.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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