La autofidelidad es la conducta correcta que debemos mantener en todo momento, basada en lo que queremos y lo que hacemos, es actuar con autenticidad en todas las actividades que desempeñamos y ser fiel con nosotros mismos como seres humanos.

Con esta forma de ser podemos ser capaces de cumplir con mayor eficacia nuestras obligaciones, ser honesto y responsable en todos los aspectos de nuestra vida, pero sobre todo sin traicionar nuestras propias creencias y principios. La autofidelidad fortalece nuestras relaciones personales, nos construye como seres humanos, nos ayuda a ser sinceros, confiables y nos impulsa a ejercer un liderazgo positivo sobre nosotros mismos. La autofidelidad es un medio para fortalecer nuestro carácter, desarrollar la prudencia y un comportamiento verdaderamente auténtico ante nosotros mismos y ante los demás.

Como existe la autofidelidad, también existe la autoinfidelidad, que significa ir en contra de nuestros principios, violando nuestros verdaderos valores como seres humanos. En primera instancia, el problema de ser infiel consigo mismo es que somos muy susceptibles a la influencia de otras personas y lugares a los que asistimos; por temor callamos, evitamos contradecir la opinión equivocada o definitivamente hacemos lo posible por comportarnos según el ambiente para no quedar mal ante nadie. No es posible formar nuestro propio criterio y carácter, si no somos capaces de defender los principios que rigen nuestra vida. Lo mejor es mantenerse firme, ser auténtico aún a costa del cargo, opinión o amistad que aparentemente está en juego. Claro que también hay que ponerse en los zapatos ajenos y hay que intentar decir las cosas sin herir a nadie, de hecho, se puede ser sincero sin lastimar a otras personas, pero lo que hay que controlar es no ir en contra de nosotros mismos con el objeto de complacer a otros.

Podemos suponer que actuando sobre la base de nuestras propias convicciones basta para ser fieles a nosotros mismos. La autofidelidad exige firmeza, es la sinceridad con uno mismo, es conocerse tal cual uno es y no olvidar la franqueza, que es simplemente la apertura y receptividad ante nuevos conocimientos, nuevas ideas y la capacidad que tenemos para cambiar.

A veces exigimos fidelidad de los demás cuando pensamos recibir un justo salario, colaboración por parte de los compañeros de trabajo, que nos procuren atenciones en casa, la lealtad y ayuda de los amigos. Pero esto debe llevarnos a reflexionar si trabajamos con intensidad y en equipo, si correspondemos con creces a los cuidados que recibimos en casa, si somos leales y si damos lo suficiente en nuestro trabajo.

Ser coherente conmigo mismo

La coherencia con nosotros mismos requiere de voluntad para superar nuestro temor a ser “diferentes”, con el deliberado deseo de ser mejores y ayudar a los demás a formar los valores en su vida. La coherencia exige también autoconocimiento (conocerse a sí mismo) para hacernos más firmes en nuestros principios, descubriendo su verdadero sentido y finalidad, lo que necesariamente nos lleva a ejercitarnos en los valores y vivirlos de manera natural. Ser coherente con uno mismo es mostrar con hechos lo que decimos con las palabras que fluyen de nuestro pensamiento. Todo lo que decimos, hacemos, sentimos y pensamos debería ser exactamente igual o debería tener una relación muy estrecha, eso es coherencia. Ser coherente con uno mismo te traerá como consecuencia una vida equilibrada y llena de satisfacciones. Aquí no se trata de que te impongas una “vida correcta o ejemplar” para satisfacer a los demás con una forma de ser que no te pertenece en lo absoluto. La idea es que te sientas bien contigo mismo, que tus pensamientos, tus sentimientos, tus palabras y tus acciones sean el resultado de lo tú significas, no de lo que otros quieren que tú seas.

Revisa tu autofidelidad

Para saber con claridad si somos realmente fieles con nosotros mismos, es necesario saber con exactitud cómo está nuestra autofidelidad. Te sugiero que tomes un lápiz y papel para que comiences a reflexionar con lo siguiente:

* Examina si tus actitudes y palabras no cambian radicalmente según el lugar y las personas con quien estés. Asegúrate que en todo lugar todos tengan la misma imagen y opinión acerca de ti.

* Piensa que la fidelidad que exiges de los demás tenga la misma proporción de tu autofidelidad.

* Se prudente para elegir amistades, lugares y eventos. Así no tendrás que esconderte, mentir y comportarte en forma contraria a tus principios.

Evita hacer trampa o cumplir con tus obligaciones a medias. Aunque sea lo más fácil y nadie se percate de ello por el momento.

* Revisa si lo que dices y haces se corresponde con lo piensas y sientes.

Fuente: gestiopolis

NAMASTÉ

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