ESCAPAR DE LOS CÍRCULOS DE NEGATIVIDAD

En mi opinión, algunas personas se sienten fuertemente arraigadas en relaciones en las que la negatividad está presente, y eso además de contagiarles del desastre que es cualquier ambiente perjudicial, les afecta en cuanto a su visión de la vida porque espanta al optimismo que uno pueda tener.

La perspectiva negativa que recibimos de esas personas o situaciones, se inventa miedos -que no son reales-, nos infunde pesimismo –que no es real-, nos acobarda frente a la vida, y nos pinta un presente y un futuro enlutados en los que todo se vuelve maligno o destructivo.

Estos círculos de negatividad, que requieren un gran esfuerzo y una firme decisión para salir de ellos, nos hacen sentirnos temerosos y vulnerables. Nos roban la energía. Nos anulan en gran medida.

Acaban afectando, inevitablemente, a nuestra Autoestima, que cae en picado por el contagio funesto que recibe, y queda anulada –o por lo menos muy mermada- nuestra capacidad de mirar y ver de forma positiva y constructiva; nos desanima, nos hunde… todo lo que recibimos de las personas o situaciones negativas es maligno y contraproducente.

A la vista de lo escrito, es evidente que conviene revisar cómo está uno con respecto a este asunto.

¿Qué cosas con las que me relaciono son negativas para mí?

¿Qué situaciones con las que me relaciono son negativas para mí?

¿Qué personas con las que me relaciono son negativas para mí?

Y una vez descubiertas, la siguiente tarea es deshacerse –si es posible- de ellas. Y si no es posible, entonces hay que conseguir que no nos afecten y quedarse a salvo de su nocivo influjo.

A veces no podemos cambiar las cosas, pero sí podemos cambiar cómo nos afectan esas cosas.

Hay relaciones familiares con las que nos vemos “obligados” a convivir –y conviene revisarlas, con objetividad, para ver si esa obligación es cierta o no-, y en ese caso una de las soluciones posibles es hablar con esa o esas personas y manifestarles nuestros sentimientos, cómo nos afecta o duele, qué es lo que deseamos y lo que no estamos dispuestos a tolerar, con la intención de llegar a un acuerdo de unas normas para la buena convivencia.

También conviene eliminar –o, por lo menos, limitar- las relaciones con esos amigos o conocidos que siempre nos acaban dejando la desagradable sensación de que no nos aportan nada positivo, de que su negatividad es deprimente y contagiosa, de que su pesimismo es pestilente.

Conviene ponerse a salvo de su nefasta influencia. Y hacerlo así es mejor que seguir a su lado creyendo que les estamos haciendo un favor… a cambio de nuestra propia destrucción.

Uno de procurarse la mejor vida posible, y eso no es egoísmo sino justicia.

Uno ha de eliminar de su vida y su entrono todo lo que es desagradable y al mismo tiempo innecesario.

Uno ha de revisar y revisarse continuamente. Todo aquello que es claramente contraproducente conviene sacarlo de nuestra vida en un acto de higiene mental y emocional.

Preservarse. Ponerse a salvo. Cuidarse. Eliminar las cosas, personas y situaciones nocivas. Encontrar la tranquilidad. Vivir en paz.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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