ES MEJOR NO BUSCAR EL AMOR IDEAL

Esto dice el diccionario:
IDEAL: QUE NO EXISTE sino en el pensamiento.
ILUSIÓN: Concepto, imagen o representación SIN VERDADERA REALIDAD, SUGERIDOS por la IMAGINACIÓN o causados POR ENGAÑO DE LOS SENTIDOS.
DESILUSIONAR: perder la ilusión. (Añado por mi cuenta que, a la vista de esta definición, es bueno y necesario desilusionarse, para así salir de la ilusión y poder entrar en la realidad)

En mi opinión, esa aspiración tan habitual y tan humana de anhelar el encuentro de una pareja ideal de la que enamorarse y con la que ser absolutamente feliz el resto de la vida, se suele convertir en algo contraproducente, fuente inagotable de muchas frustraciones, y pasaporte casi directo para la desilusión.

Cuando idealizamos a una persona, o una situación, nuestra mente no tiene muy en cuenta lo que puede ser o es improbable o imposible, ni lo que es la innegable realidad, así que se deja llevar por sus deseos o sus fantasías e imagina cosas que serán imposibles de llegar a convertirse en realidad. Los objetivos que pueden llegar a ser posibles, aunque sea con esfuerzo, son alentadores y positivos. Los objetivos que tienen pocas o nulas posibilidades de hacerse realidad, son adversos. Y es mejor evitarlos.

Lo idealizado suele tener poco de realidad y mucho de utopía.

Por otra parte, cuando idealizamos a alguien, le estamos exigiendo que cumpla las fantasiosas expectativas creadas, y se le puede estar obligando al otro a que sea lo que no es –que sea el que nosotros hemos idealizado y que no sea él mismo-, y, sobre todo, le estamos traspasando la responsabilidad de que lo cumpla.

Los ideales son casi imposibles de satisfacer, porque las exigencias que conllevan no están al alcance de la gran mayoría de las personas. Es casi imposible satisfacer la idealización. Al margen de que nadie tiene porqué satisfacer –como una obligación impuesta- los ideales de otro. Así que el idealizado puede acabar convirtiéndose en enemigo del idealizador, porque tiene casi todas las posibilidades de no satisfacer tanta exigencia y eso le va a dejar mal. Será, sin tener nada que ver en ello, el causante de la “desdicha” de quien le idealizó, y ello sin ser consciente de las maquinaciones del otro y sin haber dado su consentimiento.

El Amor Ideal pertenece a las novelas rosas, a las fantasías de las quinceañeras, o a la desbordante imaginación de los poetas. Yo no conozco ni una sola relación de pareja que funcione de ese modo tan perfecto como se desea. Conozco parejas que se aman, que se respetan, que se cuidan, pero la convivencia –que siempre afecta y desgasta- y el hecho de que seamos humanos hace que haya momentos en que se rompe la magia, momentos en que se entrometen sentimientos que no son deseados pero existen y se manifiestan, y hay momentos donde desaparece el encanto y aparece lo cotidiano.

Una persona muy querida para mí, hablando de su esposo –al que adora- dice: “A veces me parece que no le quiero, pero no me importa porque… ¡sé que le quiero tanto!”

Creo que es mejor buscar un amor que sea accesible, que contenga la mayoría de las cosas que a uno le gustan y satisfacen –y es mejor aceptar que nunca las tendrá todas-, que sea comprensivo y amable, que dialogue –esto es muy valioso-, que sepa reconocer cuando se equivoca y tenga voluntad de corregirse, y que tenga una fuente inagotable de amor para soportar las sequías que a veces se presentan.

Es mejor amar a alguien de carne y huesos. No será tal como se puede llegar a imaginar, pero… está ahí y es real.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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