EL PRESENTE EN EL DESARROLLO PERSONAL

“Lo único real es el presente”.

“De nada sirve quejarse por un mal pasado, ni consolarse con un posible futuro mejor. Hay que vivir el presente, pero muy conscientemente, sabiendo que estamos construyendo nuestro próximo presente,
y lo que poco después será pasado.
No nos demos motivos para posteriores quejas”.

“La verdadera generosidad para con el futuro consiste
en entregar todo al presente”. (Albert Camus)

En mi opinión, la desatención al presente, y a la importancia que tiene el instante en que estamos viviendo, condicionan toda nuestra vida. Toda.

El presente es el aquí y ahora. Dura la fracción de tiempo más breve que se pueda medir: cuando decimos "ahora", al llegar a la "o", la primera "a" ya se ha convertido en pasado.

Tomar consciencia del presente implica hacerse cargo de un ser triste, o cargado de miedos y dudas, o desvalido, o encantador, que grita su necesidad de claridad, de comprensión, de seguridad, de abrazos que vengan del infinito, y solicita, vacilante y temeroso, un Camino, una Luz, una Señal, un Lazarillo.

Esta es una tarea de héroes, es una intención de personas agraciadas que han escuchado el dolor de sus gritos internos y el clamor desesperanzado de su necesidad de encuentro.

Es un acto sublime de dioses y de desesperados –valientes o no- que se pondrán frente a su realidad. Es para gente como tú, si te sientes identificado con algo de lo que has leído.

El presente se sentirá tan benévolo o tan cruel como uno quiera sentir, aunque en realidad no sea así, o según el desamor o la generosidad y ternura que use en su medida.

Para estar íntegramente en cada situación se necesita conocer el aquí y ahora auténtico, y no conformarse con la idea o el autoengaño o el error que uno tenga de su presente.

En realidad, no hay otro momento más que el aquí y ahora, el presente, porque no tienen existencia real ni el pasado ni el futuro. Sólo existen el lugar donde uno se encuentra y el momento que contiene este mismo instante.

Generalmente, nos ocupamos excesivamente de llegar a alguna parte: no nos damos cuenta de que se trata de estar aquí. Aquí y Ahora.
Porque el pasado jamás será ahora, y al futuro nunca llegaremos, ya que no es más que otro ahora aplazado. Y no es un juego de malabarismo con palabras: es la realidad.

No hay otra cosa más que ahora.

Para muchos, tratar de vivir en el ahora resulta una experiencia aterradora, porque significa que no están aferrándose a su pasado, ni preocupándose por el futuro.

Quien se queda atrapado en el pasado no sigue adelante, como es lógico, y quien proyecta su vida hacia el futuro, tendrá una desilusión cuando vaya comprobando que eso que llamamos futuro –que es la vida- se organiza en función de la atención y dedicación de cada uno al presente.

Lo que no deja vivir constantemente y conscientemente en el ahora son los miedos y los apegos.

Nos aferramos a una experiencia gozosa y no la soltamos de nuestra mente, aun cuando el suceso sea ya muy del pasado, y además, tratamos de repetirla sin querer reconocer que ya nunca más podrá volver a repetirse la misma experiencia.

Nos agarramos a lo que fuimos… pero ya no lo somos.

Imaginamos lo que podríamos ser… pero aún no lo somos.

Más que hablar de lo que se ha sido o de lo que se podría ser… HAY QUE SER AHORA.

Porque aplazar las cosas no las resuelve.

Porque recordar las cosas no es vivir.

De nada sirve quejarse por un mal pasado, ni consolarse con un posible mejor futuro: hay que procurarse un espléndido presente. Porque lo cierto es la vida. Lo único real, el presente.

Lo pasado ya no existe, ni el futuro, pero el presente sí, y es tuyo. Mejor dicho: tú eres el presente.

Todo lo que tienes y lo que eres, o sea, la vida, residen en el presente.

“Hoy es el primer día del resto de mi vida” no es solamente una frase bonita; además es cierta y vigente, y nos lleva a otra no menos interesante: “El Ahora es todo lo que hay”.

Sólo existe el ahora, el instante, lo presente. Lo cual puede llegar a ser una desventaja añadida, y es que tenemos tantos presentes, uno detrás de otro, aparentemente inacabables, que dejamos de valorarlos. Y dejamos de apreciar que sólo tenemos eso: presentes. Fugaces, siempre apresurados, como si estuvieran ansiosos por morir.

Erróneamente, y en numerosas ocasiones, los dejamos ir desatendidos.

El futuro no existe. Es aún menos que el pasado. El futuro son los presentes que aún no han llegado, ni tenemos garantía de que vayan a llegar. En cambio, hacemos planes como si fuéramos infinitos, como si siempre nos quedaran muchos días por consumir y tuvieran tan poco valor, por ese exceso de oferta, que no fuera necesario disfrutarlos completamente, exprimirlos, sacarles toda su intensidad y todas las delicias y maravillas que llevan entre sus minutos.

El presente: lo único.

Y es lamentable que lo dejemos morir sin conocer la gloria, y sin que sienta que le hemos atendido como se merece, que lo hemos valorado.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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