DES-CULPABILIZARSE

En mi opinión, una de las mejores cosas que uno puede hacer por sí mismo, y que además es el paso previo para iniciar con éxito un Camino de Desarrollo Personal, es des-culpabilizarse. Quitarse la culpa. Deshacerse de la culpa.

El día que escribo esto cumplo 30 años de estar escuchando historias de personas que han vivido experiencias muy duras. Cuando oigo la que me parece la más dura y creo que ya no puede haber otra peor…aparece otra peor. El sentimiento de culpabilidad es algo que aparece reflejado en casi todos los casos. Hay una tendencia generalizada a culpabilizarse por cosas de las cuales uno no es culpable y a responsabilizarse de hechos graves de los que uno no es responsable.

En muchas ocasiones no somos conscientes de esto, pero arrastramos sentimientos de culpa de un modo inconsciente; bien porque nos los inculcaron a lo largo de nuestra infancia de un modo directo o subliminal –“eres torpe”, “eres malo”, “todo lo haces mal”, “vas acabar conmigo”, “me haces sufrir mucho”-, o bien porque nos suspenden una asignatura –y somos “culpables” de haber suspendido y “culpables” de que nuestros padres se enojen-, o bien hay una influencia religiosa: “Jesucristo murió para salvarte”

Esto he aprendido: estancarse en la culpa –cuando, además, en demasiadas ocasiones no somos culpables- es contraproducente, no aporta nada positivo, disminuye la autoestima, nos enemista más con nosotros mismos, nos estanca en nuestro malestar “porque creemos que somos “culpables” y de algún modo lo tenemos que pagar”. Y esta idea atroz de que cada culpa merece un castigo es un drama que arrastramos del cual debemos deshacernos inmediatamente. Eso que nos hace sentir “culpables” puede merecer una reflexión, un cambio, pero no un castigo.

Todo el tiempo que estés regodeándote masoquistamente en tu culpa es tiempo que pierdes de vida presente. Aunque seas culpable, aquello ya pertenece al pasado y tú estás en el presente y tu responsabilidad es vivir bien en este presente.

El sentimiento de culpa es inútil. Gastamos mucho tiempo y energía en ello. Ya no podemos cambiar nada de lo que sucedió. Podemos pedir perdón o reparar el daño si es posible. Podemos aprender lo que NO tenemos que repetir.

Y si eres capaz de entender esto te podrás quitar de encima un gran peso innecesario: tú no eres culpable de lo que pasó. Fue otro tú. Otro que tenía menos experiencia y menos claridad. Otro que se vio obligado a hacer aquello porque no tuvo otra alternativa, o porque no supo prever el resultado, o porque creyó que era lo apropiado, o porque no sabía hacer otra cosa mejor, o porque...

El yo del presente se da cuenta de lo que hizo el yo del pasado, y puede ver lo que estuvo bien y lo que no –ahora, a la vista de los resultados, juzgar es fácil, pero recuerda que quien juzga no es el que estuvo allí-; aquél del pasado ya no está aquí, desapareció, y no es justo que el yo del presente tenga que pagar por el yo del pasado.

Cuesta entenderlo y cuesta aceptarlo. Te invito a que pruebes a verlo de este modo. Que pruebes a des-culpabilizarte. Que te atrevas a quitarte esa pesada e inútil carga. Que te liberes. Que te des permiso para salir de ahí dejando la culpa en el pasado, que es donde le corresponde estar. Desoye al masoquista interno. Desoye al inquisidor. Desoye todo lo que tenga que ver con culpa y castigo. Bastante te ha afectado todo eso ya.

Des-culpabilizarse es un grandioso acto de Amor Propio. Y es necesario.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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