AQUÍ Y AHORA

En mi opinión, casi todos somos un poco zoquetes, o muy zoquetes, y por más que nos lo digan, por mucho que nos lo repitan, por mucho que lo leamos una y otra vez, cuando se presenta esto del AQUÍ Y AHORA, nos impacta el tiempo justo para que llegue el olvido y se lo lleve.

Elucubramos sobre el AQUÍ Y AHORA, aparentamos que tomamos consciencia de ello, y nos ponemos reflexivos y circunspectos, pero pocas personas son las que realmente toman consciencia de esa realidad y obran de acuerdo con ella.

Vivir el AQUÍ Y AHORA requiere una atención muy plena y este asunto requiere una prioridad y una dedicación que no puede ser menos que total.

El AQUÍ Y AHORA nos acompaña constantemente. En cualquier sitio que estemos, en cualquier momento que estemos, siempre es AQUÍ Y AHORA, pero todos son únicos e irrepetibles, y si bien hemos de ser conscientes de que hacemos un trueque y ofrecemos una parte de nuestro tiempo a cambio de un sueldo, o de una agradable convivencia, o a cambio de unas sanas relaciones sociales, también hemos de ser conscientes de que seguimos siendo nosotros mismos los que estamos en cada uno de nuestros instantes, de que aún en esos momentos en que no estamos conscientes de nosotros mismos nos pertenecemos, de que aún en esos momentos podemos y debemos vivir con total intensidad nuestra presencia, y que la calidad de nuestra vida es la suma de todos los momentos, incluidos todos los anteriores.

No debemos dejar de sublimar los AQUÍ Y AHORA, incluso los que compartimos a desgana, por obligación o por compromiso, porque las lecciones de la vida no descansan, y se presentan en cualquier momento, y en cualquiera de esos instantes vive la chispa que nos puede animar, la luz que nos despierta, y la enseñanza que siempre nos persigue, presta y animosa.

La solución está en nuestro interior.

Si sabemos atender las emociones y vivir los sentimientos, podremos ver el Camino que nos lleva hasta la vivencia plena de todos y cada uno de los AQUÍ Y AHORA de los que nuestra vida se construye.

Recordemos que la vida se compone de multitud de ellos, pero todos son irrepetibles e irrecuperables, y todos reclaman su derecho a ser vividos intensamente.

Todos hemos sentido que se nos mueren los días sin darnos cuenta, llegamos a la cama con la frustración de “otro día perdido en que no he hecho lo que quería hacer”; todos nos hemos hecho firmes propósitos de empezar a darnos cuenta de que se nos va la vida sin enterarnos y que eso ya no va a volver a suceder… aunque vuelve a suceder.

Esos momentos de breve lucidez que se nos presentan mueren a manos de la desatención y la rutina, que se alían en contra de la que es su gran enemiga: la consciencia.

Tomar consciencia del presente implica tener que hacerse cargo de esta persona que es uno mismo y ha vivido más o menos abandona por sí misma, que aparenta estar cargada de problemas y frustraciones, dudas, inquietudes, pensamientos, desamores, contradicciones, temores, buenos deseos pero débiles, el amor un poco escondido y en desuso, y algunas buenas intenciones que se quedan en poco más que intenciones.

Ser plenamente conscientes, absolutamente conscientes, sin restarle nada de la contundencia que tiene el AQUÍ Y AHORA, es precisamente lo que le puede aportar plenitud y completitud a nuestra vida.

Nuestra vida es una sucesión de muchos AQUÍ Y AHORA, uno tras otro, todos distintos aunque sean iguales en su esencia, todos necesitados de nuestra atención, todos llenos de vida y de poder hacernos experimentar esa sensación de estar realmente viviendo, y todos nos llaman con desesperación para que los ocupemos y nos ocupemos de ellos, todos quieren y requieren nuestra atención, en todos es imprescindible nuestra presencia plena.

Este no es un asunto que se pueda aplazar, y requiere que uno se repita continuamente SOY YO, ESTOY AQUÍ, ME DOY CUENTA o cualquier otra idea similar hasta que quede grabado de un modo que no se pueda quitar o borrar.

Tomar consciencia de este presente que es el AQUÍ Y AHORA obliga a tomar o retomar la responsabilidad de la propia vida y comenzar a gobernarla con mano firme y amorosa.

Y esto sí que es una obligación personal ineludible.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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