Al principio del camino hay una encrucijada. Alli puedes pararte a pensar en la dirección que vas a tomar. Pero no te quedes demasiado tiempo, o nunca saldras de ese lugar.
Házte la clásica pregunta: Cuál de estos caminos tiene un corazon?
Reflexiona lo necesario sobre las opciones que tienes delante, pero una vez que des el primer paso, olvídate definitivamente de la encrucijada, pues en caso contrario nunca dejarás de torturarte con la inútil pregunta: ¿El camino que elegí era el correcto?
Si prestaste oídos a tu intuición antes de ponerte en movimiento, escogiste sin duda el buen camino.
El camino no dura para siempre. Es una bendición recorrerlo durante algún tiempo, pero un dia terminara, y por eso debes estar siempre listo para despedirte en cualquier punto.
Por mucho que te deslumbren determinados paisajes, o te asusten ciertos trechos donde hay que esforzarse especialmente para seguir en pie, no te aferres a nada. Ni a los momentos de euforia, ni a los interminables dias en los que todo parece difícil, y el progreso es lento.
Más tarde o más temprano llegará un ANGEL, y tu jornada habrá llegado a su término. No lo olvides.
Honra tu camino. Fue tu elección, fue decisión tuya, y en la misma medida en que tu respetas el suelo que pisas, este mismo suelo respetará tus pies.
Haz siempre lo más adecuado para conservar y mantener tu camino, y el hará lo mismo por tí.
Equípate bien. Lleva un rastrillo, una pala, una navaja.
Entiende que para las hojas secas las navajas son inútiles, y que para la hierbas muy enraizadas los rastrillos son inútiles. Conoce siempre que herramienta hay que emplear en cada momento. Y cuida de ellas, porque son tus mayores aliadas.
El camino va hacia delante y hacia atrás. A veces es necesario volver porque se perdió algo, o porque un mensaje que debía haber sido entregado se quedó olvidado en un bolsillo.
Un camino bien cuidado permite que puedas volver atrás sin grandes problemas.
Cuida del camino antes de cuidar de lo que esta a su alrededor: atención y concentración son fundamentales. No dejes que las hojas secas del borde del camino te distraigan, ni que la manera como los otros cuidan sus propios caminos desvíe tu atención.
Usa la energia para cuidar y conservar el suelo que recibe tus pasos.
Ten paciencia. A veces es necesario repetir las mismas tareas, como arrancar las malas hierbas o cubrir los agujeros que surgieron tras una lluvia inesperada. Que esto no te enfurezca, pues forma parte del viaje. A pesar del cansancio, y a pesar de las tareas repetitivas: ten paciencia.
Los caminos se cruzan: Escucha los consejos, pero toma después tus propias decisiones. Tu eres el único responsable del camino que te fue confiado.
Haz de tu camino un espejo de ti mismo: no te dejes influír en absoluto por la manera como los demás cuidan de sus caminos. Tu tienes un alma que escuchar, y los pájaros transmitirán lo que tu alma quiere decir. Que tus historias sean bellas y agraden a todo lo que tienes en torno. Sobre todo, que las historias que cuente tu alma durante la jornada se reflejen en cada segundo del recorrido.
AMA TU CAMINO
Sin este principio, nada tiene sentido...
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