ALGUNOS FRACASOS SON INEVITABLES

En mi opinión, el temor al “fracaso”, a la posibilidad de que pueda darse el fracaso, crea un estado emocional de inseguridad e inquietud que prácticamente condena a que sea haga realidad.

Esa tensión espanta a la ecuanimidad y el equilibrio de sensatez que se requiere para afrontar cualquier situación, y aún más cualquier situación que contenga la posibilidad de traer consecuencias desagradables en el caso de no resolverse bien.

Conviene no olvidar que depende exclusivamente de uno mismo poder convertir un resultado indeseado en una nueva experiencia –que sería lo adecuado- o convertirlo en “fracaso” –que sería quedarse solamente con la parte negativa-. Uno elige, y de su elección dependerá cómo se lo tome y cómo le afecte.

Los hechos no traen una calificación o clasificación impuesta, eso es algo personal que cada uno añade, y ser selectivo y generoso –o sea, sensato- puede despojar del drama al “fracaso”.

Si algo no sucede como estaba previsto, o como era deseado, aunque ello afecte emocional o económicamente, no es motivo suficiente como para que se convierta en el inicio de una guerra destructiva contra uno mismo.

Lo peor que uno puede hacer ante un “fracaso” es convertirse en su más encarnizado enemigo iniciando una relación tensa, desagradable, despectiva, o dolorosa, porque el sufriente directo de esta hostilidad es uno mismo. Y realmente es tan absurdo como parece.

Ante un “fracaso” uno se necesita más amable y comprensivo que de costumbre, más acogedor y cariñoso. Uno necesita un consuelo, y los consuelos externos son agradables y están bien, pero…lo más interesante es la sonrisa amistosa que uno se ofrece a sí mismo, esa sonrisa que lleva toda la comprensión del mundo, todo el ánimo para un nuevo intento, todo el reconocimiento y el aplauso a pesar del resultado.

El “fracaso” no es agradable, pero tampoco ha de ser despreciable.

Es una de las posibilidades ante cualquier decisión o hecho, y aunque no sea la deseada, enfrentarse a ella con rabia, con desprecio, desde el desamor, no va a hacer que ese resultado se modifique.

Lo que sí se puede modificar es la actitud de uno mismo frente al hecho.

Estamos en un Camino de Aprendizaje desde el mismo instante del nacimiento en que tuvimos que aprender a respirar fuera del líquido amniótico.

Hemos tenido que aprender a movernos, a comer, a leer, a vestirnos, arelacionarnos, etc., todo y siempre ha sido aprender.

Si nos hubiésemos rendido ante cualquiera de los “fracasos” que se han ido acumulando a lo largo de nuestra vida aún seguiríamos gateando, porque nuestros primeros intentos de ponernos de pie y andar fueron un “fracaso”, las primeras letras que escribimos fueron un “fracaso”, y éstos se han ido sucediendo a lo largo de nuestra vida. Unos los hemos magnificado en exceso y les hemos dado un poder -que era innecesario- para que nos afecten, y otros los hemos aceptado con una sonrisa –con la misma sonrisa que sería bueno recibir todos los “fracasos”-.

Si los viésemos desde el punto de vista definitorio de “experiencia que no dio el resultado apetecido” perderían gran parte de su tragedia, de su ponzoña.

Y depende de cada uno -de ti, de mí- que nos tratemos con benevolencia, con paciencia, sin una exigencia desmedida de perfección; que nos veamos y aceptemos como humanos que seremos imperfectos hasta el día de nuestra muerte; que comprendamos nuestras limitaciones, y que estemos abiertos a experimentar cómo es y cómo queremos que sea la relación con nosotros mismos en los momentos menos agradables.

La vida es un Camino de Aprendizaje, repito. Sé benevolente contigo hasta que aprendas bien.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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