A VECES NOS CONFORMAMOS CON NADA

En mi opinión, tengo la impresión de que eso del conformismo, de la aceptación de la nada, de la resignación, de las tragaderas que lo aguantan todo, es algo que interpretamos de un modo equivocado.

En demasiadas ocasiones renunciamos a nuestros derechos permitiendo que nos sean arrebatados o que no sean respetados, y, en un acto mal entendido de sumisión o concordia, nos callamos y los damos por perdidos.

Hay algo que no nos han explicado –o nos lo han explicado mal-, o sobre lo que no hemos reflexionado lo suficiente, y es permitir que nos avasallen –a nosotros y a nuestros derechos-, que nos menosprecien, que los otros antepongan sus deseos e intereses a los nuestros y les sigamos su juego, y que nos dejen la nada más vacía para nosotros.

La asertividad (Dícese del hecho de defender nuestros derechos legítimos sin gritos ni amenazas, de un modo firme e irrenunciable) ha de ser nuestra aliada en estos casos.

Nadie debería arrebatarnos lo que nos corresponde, y no reclamarlo es una afrenta a nuestra propia dignidad y un desprecio a nuestros principios.

Y estamos equivocados si nos conformamos con esa nada que nos dejan los otros.

La modestia mal entendida es un hándicap innecesario, y el convencimiento de que no tenemos derecho a que nos pasen ciertas cosas buenas es un error que nos penaliza con la falta de lo que sí nos merecemos.

Con todo este machacón preámbulo queda lo suficientemente claro que esas actitudes que usamos en ocasiones, de renunciar sin lucha, de ceder sin defensa, de dejar que nos roben y aplasten, no es siempre del todo apropiado.

Una cosa son los desapegos y otra distinta los atracos a mano armada.

LA LEGITIMIDAD DE NUESTROS PROPIOS DERECHOS ESTÁ POR DELANTE DE LA INJUSTA TENDENCIA QUE TIENEN ALGUNOS DE ABUSAR DE NOSOTROS.

La mansedad ante las injusticias de los demás no es un signo de condescendencia ante el otro, ni es una actitud beatífica y cristiana, sino que puede ser una mala interpretación de la benevolencia.

Ante cualquier abuso es conveniente plantar cara, salvaguardar la dignidad y los derechos, apostar por uno mismo, defenderse y ponerse a salvo… cualquier cosa que sea justa, excepto agachar la cabeza.

Cualquier cosa excepto retirarse rendido y humillado, con la moral herida y la autoestima sangrando.

A veces, los otros no solamente no nos aportan, sino que nos roban, abusan de nosotros. Y ese abuso no siempre es material: a veces nos roban un valiosísimo tiempo que después nadie nos puede reponer. Nos roban ánimo, moral, esperanza, luz… nos roban parte de nuestro presente y nos hipotecan el futuro.

La defensa es digna.

La autoprotección es necesaria.

Preservarse es imprescindible.

Y esto conviene tenerlo muy claro, para que cuando pretenda atacarnos con sus sermones el mal entendido egoísmo sepamos ponerle en su sitio y rebatir con dignidad y asertividad cada una de sus reprobaciones.

Amarse es un acto de justicia.

Desear lo mejor para uno es un derecho.

Impedir ser avasallado es un deber.

Y es nuestro deber y nuestra responsabilidad hacer de nosotros unas personas dignas, considerarnos merecedores de lo mejor, mantener intacta nuestra integridad, y defendernos a capa y espada de quienes pretendan atentar contra ello.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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