Es lo más sagrado y divino de que podamos gozar

 

Gozar de un alma pura y cristalina constituye uno de nuestros bienes más preciados. Purificar nuestra alma es una tarea permanente que debemos llevar a cabo. A nuestra alma hay que ordenarla y cuidarla con el mayor esmero. ¡Contemplar nuestra alma limpia es un deleite que podemos saborear cuantas veces queramos!


¡Que nuestra mirada transparente sea el espejo de nuestra alma limpia! El filósofo griego, Demócrito, afirmó, que “el que elige los bienes del alma, escoge lo divino; el que elige los del cuerpo, lo humano”.
Es tan poderosa la fuerza de un alma buena, que Oliver Wendell Holmes aseguró que “existen hombres con alma bastante limpia para impedir la putrefacción del cuerpo”. Y esta afirmación es verdadera. Recordemos a tantos hombres y mujeres que han pasado por adversidades durísimas en sus vidas, pero que gracias a sus almas bondadosas han podido infundirle a sus cuerpos increíbles fuerzas para seguir luchando.
El alma bondadosa siempre es transparente, y por serlo, siempre es accesible a todo ser humano. En cambio, un alma malvada es inaccesible, pues nadie puede ver qué hay en ella dada su turbia obscuridad.


Nuestra alma es extremadamente frágil, de ahí el cuidado que debemos tener con ella. Al alma la impactan los sentimientos, las conductas y las ideas. Si nuestras ideas son inadecuadas o malsanas algo se rompe en nuestra alma. Por ello, bien lo dijo el emperador Marco Aurelio, en su inmortal obra “Pensamientos”: “Semejante a la naturaleza de tus ideas será el fondo de tu alma, porque nuestra alma se impregna de nuestras ideas”.


Nada hay más delicado en nuestro ser que nuestra alma. Por esto, nada requiere más cuidado y atención. El alma incluso contiene el “inconsciente colectivo” de la humanidad, a que aludía el psiquiatra Jung. Si perdemos dinero nada hemos perdido; pero si perdemos las cualidades supremas del alma como la bondad y la compasión, lo hemos perdido todo.


Ya la Biblia nos lo repite con frecuencia: “¿Para qué le sirve al hombre conquistar al mundo si pierde su alma?”.


El profundo y sabio Séneca escribió una bellísima reflexión sobre el alma: “Nuestra dicha no debe cimentarse sobre la fuerza y la belleza del cuerpo, puesto que se truncan al paso de los años. Necesitamos los seres humanos un bien que nunca se quebrante y degenere: un bien invencible a todos los obstáculos, superior a todos los demás bienes. ¿Cuál será? Nuestra alma; pero un alma rectilínea, derecha, inconmensurable y virtuosa. Tal espíritu o alma es la emanación de Dios dentro de un cuerpo humano…”.


Los poetas no se han resistido en cantarle al alma. Tal es el caso de Percy Bysshe Shelley, quien escribió en su obra “Prometeo Encadenado”: “Mi alma es una barca encantada que, como un cisne soñador, flota sobre las olas de plata de tu dulce canto”.


El escritor italiano Giovanni Papini, en su obra “El Hombre Acabado”, escribe una alusión al alma, de una alta pedagogía, referencia que no podemos dejar de reproducir y que dice así:
“¿Cuál es la parte más alta, más última, más noble y pura del hombre? El alma”.
Para hacerse el alma grande hay que conocer todas sus pequeñeces; para hacerla pura, es necesario ver todas sus impurezas; para hacerla animosa y fuerte, necesitamos mirar todos los miedos y todas las vilezas.


Critilo opina que el alma de cada uno de nosotros, de la suya amable lector; de la mía; y de la de todos nosotros, es lo más sagrado y divino que podamos gozar. Nuestra alma es de una total divinidad: la podemos impregnar de lo más bueno y sublime.


Esto nos debe llevar al compromiso más importante que podamos asumir en nuestras vidas: en hacer de nuestras almas el cofre sagrado que contenga las mejores virtudes. Sólo que para esto resulta indispensable cuidar de nuestra alma cada día.

 

 

J. Faya Biseca

 

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Respuestas a esta discusión

"Hacer de nuestras almas el cofre sagrado que contenga las mejores virtudes..." gran reto!

EL ALMA es el soplo divino que nuestro Padre nos otorgó siendo perfecta, nosotros nos hemos encargado de ensuciarla, la oscurecemos con pensamientos de baja vibración, como son los de envidia, odio, crítica, juicios, actos que dañan al prójimo, y también tomando alcohol, drogas y alimentándonos con el dolor de animales que comemos, ya que todo su estres, ira y dolor de su cautiverio y muerte penetra en nuestro organismo, y se enquista en nosotros, haciéndonos iracundos, nerviosos, depresivos, y a veces ni sabemos porqué, y oramos y meditamos, pero nuestro carácter no cambia, porque continuamos con estos hábitos que poco a poco, nos enferman físicamente, debilitan y distorsionan nuestras mentes y finalmente deforman nuestro espíritu, haciéndonos firmes candidatos al partir, a engrosar la población de los mundos de la oscuridad, como decía Sta. Teresita del Niño Jesús, que poseía clarividencia y decía sentir un gran dolor al ver caer como si fueran hojas de los árboles en el otoño las almas de los seres humanos en el infierno, por lo que debemos de ser muy cuidadosos con nuestros pensamientos, controlar nuestras emociones, comprender en lugar de criticar, y cuidar lo que tomamos y lo que comemos, porque la materia es energía condensada y somos lo que comemos, pensamos y sentimos. 

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